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APEDECA · Proyectos continuados

VIDA+ · Salud mental activa

Promoción de hábitos saludables mediante actividad física, nutrición y bienestar emocional.

Proyecto en vigorDesde 01/05/2024
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Imagen del proyecto · VIDA+ · Salud mental activa

Introducción

El actual contexto sociodemográfico, caracterizado por el envejecimiento progresivo de la población y el incremento de situaciones de dependencia y trastornos de salud mental, plantea la necesidad de diseñar intervenciones específicas que aborden de manera integral las dimensiones física, emocional y social de la persona.

Las personas mayores, así como aquellas con discapacidad o problemas de salud mental, presentan con frecuencia patrones de sedentarismo, deterioro funcional, desestructuración de rutinas y dificultades en la gestión emocional. Estos factores incrementan el riesgo de aislamiento social, pérdida de autonomía y empeoramiento del estado de salud general.

El proyecto VIDA+ Salud Mental Activa surge como respuesta a esta realidad, proponiendo un modelo técnico de intervención basado en la adquisición progresiva de hábitos de vida saludable, mediante un enfoque interdisciplinar que integra actividad física, nutrición, terapias creativas y atención psicosocial.

Este modelo se fundamenta en la evidencia científica que avala la eficacia de las intervenciones combinadas en la mejora de la salud mental y la calidad de vida, apostando por un enfoque preventivo, promocional y rehabilitador.

Justificación Técnica

El proyecto VIDA+ Salud Mental Activa se fundamenta en la creciente complejidad del contexto sociodemográfico y sanitario en Canarias, y particularmente en la isla de Tenerife, donde confluyen de manera simultánea tres fenómenos estructurales: el envejecimiento progresivo de la población, el incremento de las situaciones de dependencia y el aumento sostenido de los problemas de salud mental. Esta realidad genera una presión significativa sobre los sistemas sanitarios y sociales, al tiempo que evidencia la necesidad de implementar modelos de intervención innovadores, preventivos y centrados en la persona.

En las últimas décadas, Canarias ha experimentado una transformación demográfica relevante. La población mayor de 65 años ha aumentado de forma constante, pasando de representar aproximadamente el 11,6% en el año 2000 a situarse en torno al 18% en la actualidad, con previsiones de crecimiento sostenido en los próximos años. En islas como Tenerife, este envejecimiento se traduce en un incremento del índice de dependencia, es

decir, una mayor proporción de personas que requieren apoyo para el desarrollo de las actividades básicas de la vida diaria. Este fenómeno se ve reforzado por el aumento de la esperanza de vida, que supera los 81 años, y por el descenso continuado de la natalidad, lo que modifica profundamente la estructura social y las necesidades de atención.

Paralelamente, el sistema de atención a la dependencia en Canarias presenta limitaciones estructurales que dificultan la respuesta ágil y eficaz a esta demanda creciente. Se estima que más de 30.000 personas se encuentran en lista de espera para recibir prestaciones o servicios vinculados a la dependencia, lo que genera situaciones de vulnerabilidad prolongada y pone de manifiesto la necesidad de reforzar estrategias preventivas que retrasen o reduzcan la progresión hacia grados más severos de dependencia. En este sentido, la promoción de hábitos saludables y el mantenimiento de la capacidad funcional se configuran como herramientas clave para aliviar la presión sobre el sistema.

A esta realidad se suma el impacto creciente de los problemas de salud mental en la población. En Canarias, se estima que aproximadamente un 20% de la población presenta algún tipo de trastorno mental, cifra que ha aumentado en los últimos años como consecuencia de factores como el envejecimiento, el aislamiento social, la precariedad o la sobrecarga de los sistemas de atención. La demanda de servicios de salud mental ha crecido entre un 25% y un 30%, generando tiempos de espera prolongados y dificultades en el acceso a recursos especializados. Esta situación es especialmente relevante en población mayor y en personas con discapacidad, donde la presencia de sintomatología ansiosa, depresiva o de deterioro cognitivo suele estar asociada a la falta de actividad, la desestructuración de rutinas y la escasa participación social.

La evidencia científica ha demostrado de manera consistente que los hábitos de vida saludables desempeñan un papel determinante en la prevención y mejora de la salud mental. La actividad física regular, especialmente cuando es supervisada y adaptada, contribuye a la reducción de síntomas de ansiedad y depresión, mejora la función cognitiva, favorece la calidad del sueño y aumenta la autonomía funcional. Asimismo, una alimentación equilibrada influye positivamente en el estado emocional y en los niveles de energía, mientras que la participación en actividades grupales y terapias expresivas facilita la regulación emocional, la autoestima y la integración social. Sin embargo, las personas en situación de dependencia o con problemas de salud mental presentan, en general, una baja adherencia a estos hábitos, lo que justifica la necesidad de intervenciones estructuradas, acompañadas y adaptadas a sus capacidades.

Desde el punto de vista normativo, el proyecto se encuentra plenamente alineado con el marco legislativo vigente. A nivel estatal, la Ley 39/2006 de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las Personas en Situación de Dependencia establece como principio fundamental la promoción de la autonomía y la prevención de la dependencia, promoviendo actuaciones que favorezcan el mantenimiento de capacidades físicas, cognitivas y sociales. Asimismo, la Estrategia de Salud Mental del Sistema Nacional de Salud 2022-2026 prioriza la intervención comunitaria, la promoción de la salud mental y la prevención de trastornos,

destacando la importancia de programas integrales y multidisciplinares. Por su parte, la Ley General de Sanidad (Ley 14/1986) reconoce el derecho de la ciudadanía a la promoción de la salud y a la prevención de enfermedades, reforzando la necesidad de actuaciones en el ámbito comunitario.

En el ámbito autonómico, la Ley 16/2019 de Servicios Sociales de Canarias impulsa un modelo de atención integral centrado en la persona, promoviendo la coordinación entre sistemas y la intervención preventiva. El Plan de Salud de Canarias incorpora como líneas estratégicas el envejecimiento activo, la promoción de estilos de vida saludables y la mejora de la salud mental, mientras que la Estrategia Canaria de Promoción de la Salud y Prevención refuerza la necesidad de fomentar hábitos saludables como elemento clave para la mejora del bienestar y la calidad de vida. A nivel internacional, organismos como la Organización Mundial de la Salud, a través de su Plan de Acción sobre Salud Mental 2013- 2030, destacan la importancia de desarrollar intervenciones integrales, comunitarias y centradas en la persona, así como de promover el envejecimiento activo y la participación social.

En este contexto, el proyecto VIDA+ Salud Mental Activa se plantea como una respuesta técnica, innovadora y necesaria, orientada a cubrir las carencias detectadas en el sistema mediante un modelo de intervención interdisciplinar que integra actividad física supervisada, educación nutricional, terapias creativas y acompañamiento psicosocial. Este enfoque permite actuar de manera simultánea sobre los determinantes físicos, emocionales y sociales de la salud, favoreciendo la adquisición de hábitos sostenibles y la mejora global de la calidad de vida.

En definitiva, la implementación de este programa no solo responde a una necesidad detectada en la población destinataria, sino que se alinea con las políticas públicas y las recomendaciones científicas actuales, constituyéndose como una herramienta eficaz para la promoción de la salud mental, la prevención de la dependencia y el fomento de la autonomía personal en colectivos en situación de vulnerabilidad.

Beneficiarios/as

El proyecto VIDA+ Salud MentalActiva se dirige a una población en situación de vulnerabilidad sociosanitaria, priorizando la intervención en colectivos que presentan un mayor riesgo de deterioro funcional, aislamiento social y problemas de salud mental, con el objetivo de mejorar su calidad de vida, fomentar su autonomía personal y promover la adquisición de hábitos saludables sostenibles.

Serán beneficiarias directas del programa las personas mayores, preferentemente a partir de 60 años, que se encuentren en situación de fragilidad o dependencia leve o moderada, así como personas con discapacidad, ya sea de carácter intelectual, físico o sensorial, que requieran apoyo estructurado para la mejora de sus rutinas de vida diaria. Asimismo, el programa se dirige a personas con trastornos de salud mental, y a aquellas que se encuentren en riesgo de exclusión social o aislamiento, especialmente cuando presentan baja participación comunitaria y escasa red de apoyo.

El perfil funcional de las personas participantes se caracteriza por la presencia de uno o varios factores como el sedentarismo o bajo nivel de actividad física, dificultades en la organización de rutinas diarias, déficits en hábitos de autocuidado relacionados con la alimentación, el descanso o la higiene, sintomatología emocional leve o moderada, deterioro funcional incipiente en aspectos como el equilibrio, la movilidad o la fuerza, y la necesidad de acompañamiento profesional para sostener cambios conductuales en el tiempo. Se priorizará la inclusión de personas con capacidad de participación en actividades grupales, si bien el programa contempla adaptaciones individualizadas en función de las necesidades específicas de cada participante.

El impacto del programa no se limita únicamente a las personas beneficiarias directas, sino que se extiende de forma significativa a beneficiarios/as indirectos/as, entre los que se encuentran los familiares y cuidadores/as, quienes experimentan una reducción de la sobrecarga y una mejora en la convivencia, así como los profesionales del ámbito sociosanitario, mediante la optimización de la coordinación y el uso de recursos. De igual modo, la comunidad local se beneficia del desarrollo de iniciativas que favorecen la inclusión social, la cohesión comunitaria y el fomento del envejecimiento activo.

Para la participación en el programa se establecen como criterios de inclusión la residencia en el ámbito territorial de intervención, en este caso la isla de Tenerife, la adecuación del perfil a los objetivos del programa, la aceptación voluntaria de la participación y la existencia de una capacidad funcional suficiente que permita beneficiarse de la intervención, con o sin apoyos. Por otro lado, se contemplan como criterios de exclusión aquellas situaciones de dependencia severa que requieran atención sanitaria especializada continua, la presencia de patologías agudas o descompensadas que contraindiquen la realización de actividad física, así como alteraciones conductuales graves que dificulten el desarrollo de la dinámica grupal sin recursos específicos de apoyo.

En cuanto a la previsión de cobertura, el programa se estructura en grupos reducidos de entre 10 y 15 participantes, lo que permite garantizar una atención personalizada y un adecuado seguimiento profesional. Se estima una capacidad anual de intervención de entre 100 y 150 personas beneficiarias directas, en función de la duración de los ciclos de intervención y la rotación de grupos.

Metodología

El proyecto VIDA+ Salud Mental Activa se desarrolla mediante una metodología técnicooperativa de carácter integral, basada en un enfoque biopsicosocial y centrado en la persona, que combina intervención individualizada y dinámica grupal con el objetivo de favorecer la adquisición, consolidación y mantenimiento de hábitos de vida saludable en población en situación de vulnerabilidad.

La metodología se fundamenta en la evidencia científica que respalda la eficacia de intervenciones multidisciplinares en la mejora de la salud física, mental y social, incorporando principios propios del entrenamiento físico adaptado, la educación para la salud, la intervención psicosocial y las terapias creativas. Este enfoque permite abordar de forma simultánea los distintos determinantes de la salud, generando cambios conductuales sostenibles en el tiempo.

El modelo metodológico se articula en torno a los principios de individualización, progresión, continuidad, participación activa, refuerzo positivo y coordinación interdisciplinar. La intervención se adapta a las características, capacidades y necesidades de cada persona, estableciendo itinerarios personalizados que se desarrollan en un entorno grupal estructurado, favoreciendo tanto el acompañamiento profesional como la interacción social.

El proceso de intervención se organiza en cuatro fases diferenciadas pero interrelacionadas. En una primera fase de evaluación inicial se realiza una valoración integral de la persona participante, que incluye el análisis de su estado funcional, condición física, hábitos de vida, situación emocional y contexto social. Esta evaluación permite identificar necesidades, riesgos y potencialidades, constituyendo la base para el diseño del plan de intervención.

En la segunda fase se elabora un plan individualizado de actuación, en el que se

establecen objetivos específicos y se definen las estrategias de intervención en los distintos ámbitos del programa. Este plan integra la prescripción de ejercicio físico adaptado, las pautas de educación nutricional, las necesidades de intervención terapéutica y el acompañamiento psicosocial, garantizando un abordaje coherente y coordinado.

La tercera fase corresponde a la implementación del programa, que se desarrolla mediante sesiones estructuradas que combinan actividad física supervisada, dinámicas grupales, talleres educativos y sesiones de terapias creativas. La actividad física constituye el eje central de la intervención, siendo diseñada y dirigida por el monitor deportivo, quien adapta los ejercicios a las capacidades funcionales de los participantes y garantiza la seguridad,

progresión y adherencia. Paralelamente, se incorporan contenidos de educación nutricional orientados a la mejora de los hábitos alimentarios, así como sesiones de Danza Movimiento Terapia y Dramaterapia que favorecen la expresión emocional, la conciencia corporal y el desarrollo de habilidades sociales. El equipo psicosocial complementa la intervención mediante el acompañamiento individual y grupal, facilitando la motivación, la adherencia y la integración de los cambios en la vida cotidiana.

La cuarta fase se centra en el seguimiento y la evaluación continua, mediante la

monitorización de la evolución de cada participante a través de registros sistemáticos, observación profesional y herramientas de evaluación específicas. Este seguimiento permite ajustar el plan de intervención en función de los resultados obtenidos, garantizando la adecuación y eficacia del programa.

Un elemento clave de la metodología es la incorporación de un sistema de adquisición de microhábitos, basado en la repetición estructurada, la asociación a rutinas diarias y el refuerzo positivo. Este sistema facilita la integración progresiva de conductas saludables en el día a día, aumentando la adherencia y favoreciendo la consolidación a largo plazo.

La intervención se desarrolla en formato grupal reducido, lo que permite una atención personalizada y un adecuado seguimiento, al tiempo que potencia la interacción social, el apoyo mutuo y el sentimiento de pertenencia. Las sesiones se estructuran con una frecuencia de entre tres y cinco veces por semana, con una duración aproximada de 45 a 60 minutos en el caso de la actividad física, complementándose con sesiones específicas de educación nutricional y terapias creativas.

La coordinación interdisciplinar constituye otro de los pilares fundamentales de la metodología. El equipo profesional trabaja de manera conjunta mediante reuniones periódicas, registros compartidos y sistemas de derivación interna, lo que garantiza la coherencia de la intervención y la atención integral de la persona. Esta coordinación permite detectar de forma temprana posibles dificultades, optimizar recursos y mejorar los resultados del programa.

En definitiva, la metodología del proyecto VIDA+ Salud Mental Activa se configura como un modelo estructurado, flexible y centrado en la persona, que integra diferentes disciplinas en un sistema coordinado de intervención. Su aplicación permite no solo la mejora de la condición física y el bienestar emocional, sino también la adquisición de hábitos saludables sostenibles, contribuyendo de manera significativa a la promoción de la salud mental y la prevención de la dependencia.

Actuaciones

El proyecto VIDA+ Salud Mental Activa se estructura en un conjunto de actuaciones técnicas integradas que operativizan el modelo metodológico definido, permitiendo una intervención sistemática, progresiva y evaluable. Estas actuaciones se organizan en

diferentes líneas de acción interrelacionadas que abordan de manera simultánea las dimensiones física, emocional, conductual y social de las personas participantes.

Cada actuación incorpora actividades específicas diseñadas bajo criterios de evidencia, adaptabilidad y funcionalidad, orientadas a la adquisición de hábitos saludables y a la mejora de la calidad de vida.

Actuación 1: Valoración inicial y diseño del itinerario individualizado

Esta actuación constituye la base técnica del programa, permitiendo la adecuación de la intervención a las características de cada participante.

Actividades:

Evaluación funcional inicial:

  • Aplicación de pruebas de valoración de fuerza, equilibrio, movilidad, resistencia y

coordinación

, adaptadas a población mayor y con discapacidad.

Valoración de hábitos de vida:

  • Análisis estructurado de rutinas diarias (actividad física, alimentación, sueño,

autocuidado).

Evaluación psicoemocional:

  • Aplicación de escalas validadas de bienestar emocional, ansiedad, estado de ánimo

y motivación.

Diagnóstico técnico individual:

  • Identificación de necesidades, factores de riesgo y capacidades.

Diseño del Plan Individualizado de Intervención (PII):

  • Definición de objetivos específicos, pautas de actuación y estrategias de

seguimiento.

Actuación 2: Intervención físico-deportiva supervisada

Constituye el eje central del programa, orientado a la mejora de la capacidad funcional y la activación conductual.

Actividades:

Sesiones de entrenamiento funcional adaptado:

  • Trabajo de fuerza mediante ejercicios con autocarga, bandas elásticas y material

ligero, orientado a la mejora de la autonomía en actividades básicas.

Entrenamiento de equilibrio y prevención de caídas:

  • Ejercicios específicos de control postural, propiocepción y coordinación.

Trabajo de movilidad articular y flexibilidad:

  • Rutinas orientadas a la mejora del rango de movimiento y la reducción de rigidez.

Actividad aeróbica dirigida:

  • Caminatas estructuradas, circuitos de baja intensidad y dinámicas grupales activas.

Rutinas de activación diaria:

  • Ejercicios breves para realizar en el domicilio o en contextos cotidianos.

Seguimiento y

ajuste del programa:

  • Reevaluación periódica y adaptación de cargas, intensidad y volumen.

Frecuencia: 3-5 sesiones semanales

Duración: 45-60 minutos

Actuación 3. Educación nutricional y promoción de hábitos alimentarios

Dirigida a mejorar la relación con la alimentación y favorecer hábitos saludables sostenibles.

Actividades:

Evaluación nutricional inicial:

  • Identificación de hábitos alimentarios, posibles déficits o desequilibrios.

Talleres grupales de educación nutricional:

  • Contenidos sobre alimentación equilibrada, hidratación, organización de comidas y

hábitos saludables.

Asesoramiento individualizado:

  • Adaptación de pautas según necesidades específicas (edad, patología, capacidad

funcional).

Entrenamiento en habilidades prácticas:

  • Planificación de menús, lectura básica de etiquetas, organización de compras.

Refuerzo de hábitos:

  • Seguimiento del cumplimiento mediante registros sencillos.

Actuación 4. Intervención mediante terapias creativas

Orientada a la mejora del bienestar emocional, la expresión y la integración social.

Actividades:

Danza Movimiento

Terapia (DMT)

  • Ejercicios de conciencia corporal
  • Dinámicas de expresión emocional a través del movimiento
  • Trabajo de coordinación, ritmo y conexión cuerpo-mente
  • Actividades de relajación y regulación emocional

Dramaterapia

  • Juegos de rol y representación simbólica
  • Dinámicas de expresión verbal y no verbal
  • Trabajo de habilidades sociales y comunicación
  • Espacios de elaboración emocional en grupo

Frecuencia: 1-2 sesiones semanales

Actuación 5. Acompañamiento psicosocial y apoyo emocional

Dirigida a favorecer la adherencia, la motivación y la estabilidad emocional.

Actividades:

Entrevistas individuales de seguimiento:

  • Valoración de evolución emocional y ajuste de objetivos.

Dinámicas grupales de apoyo:

  • Espacios de interacción, cohesión y refuerzo social.
  • Intervención en habilidades de autocuidado:
  • Rutinas, organización del día, gestión del tiempo.
  • Detección precoz de situaciones de riesgo:
  • Identificación de aislamiento, abandono o deterioro emocional.
  • Coordinación con recursos externos:
  • Derivación y seguimiento con servicios sociosanitarios.

Actuación 6. Programa de adquisición de microhábitos

Actuación transversal orientada a la consolidación de conductas saludables.

Actividades:

Diseño de microhábitos personalizados:

  • Pequeñas acciones diarias adaptadas a cada participante.

Asociación a rutinas existentes:

  • Integración de hábitos en momentos clave del día.

Refuerzo positivo sistemático:

  • Reconocimiento de logros y progresos.
  • Registro de adherencia:
  • Uso de herramientas simples (tablas, seguimiento visual).

Evaluación progresiva:

  • Ajuste de hábitos en función de la evolución.

Actuación 7. Coordinación interdisciplinar y seguimiento técnico

Garantiza la coherencia y eficacia del programa.

Actividades:

  • Reuniones técnicas periódicas del equipo
  • Elaboración de informes de seguimiento
  • Registro compartido de evolución
  • Derivación interna entre profesionales
  • Evaluación global del programa

Actuación 8. Evaluación final y medición de resultados

Permite valorar el impacto del programa.

Actividades:

  • Reevaluación funcional
  • Evaluación de hábitos adquiridos
  • Aplicación de escalas de bienestar
  • Análisis de adherencia
  • Elaboración de informes finales

Recursos humanos

El proyecto VIDA+ Salud Mental Activa se sustenta en un equipo interdisciplinar cualificado, cuya composición responde a la necesidad de abordar de manera integral las dimensiones física, emocional, nutricional y social de las personas participantes. La intervención se articula desde un enfoque coordinado, en el que cada perfil profesional aporta competencias específicas dentro de un modelo de atención centrada en la persona.

El equipo humano se configura como un elemento clave para garantizar la calidad técnica, la continuidad de la intervención y la consecución de los objetivos del programa.

Perfil Funciones

Coordinador/a técnico/a

Responsable de la planificación, supervisión y evaluación global del programa.

Monitor/a deportivo/a

Evaluación funcional inicial y periódica Diseño de programas de ejercicio físico adaptado Dirección de sesiones grupales

Adaptación de actividades a capacidades individuales Prevención de riesgos y control de la seguridad Motivación, adherencia y seguimiento de participantes Registro de evolución física

Nutricionista

Evaluación del estado nutricional Diseño de pautas alimentarias adaptadas Desarrollo de talleres de educación nutricional Asesoramiento individual Seguimiento de hábitos alimentarios Coordinación con el equipo en casos específicos

Especialistas en Danza Movimiento Terapia y/o Dramaterapia

Diseño y ejecución de sesiones terapéuticas Facilitación de la expresión emocional Trabajo de conciencia corporal y regulación afectiva Desarrollo de habilidades sociales Observación de la evolución emocional Coordinación con el equipo psicosocial

Para garantizar la calidad de la intervención se establece:

Grupos de 10 a 15 participantes

Presencia mínima de 1-2 profesionales por sesión (según actividad)

Todo el personal contará con titulación oficial acorde al puesto. Formación específica en intervención con personas mayores, discapacidad o salud mental y experiencia en programas de promoción de la salud

El equipo desarrollará su intervención bajo un modelo de: Atención centrada en la persona enfoque biopsicosocial, trabajo interdisciplinar, promoción de la autonomía e intervención ética y de calidad

En conjunto, los recursos humanos del proyecto garantizan una intervención técnica sólida, coordinada y orientada a resultados, constituyendo un elemento esencial para el éxito del programa.

Recursos materiales

El proyecto VIDA+ Salud Mental Activa requiere una dotación de recursos materiales adecuada, funcional y adaptada a las características de la población destinataria, con el objetivo de garantizar la seguridad, accesibilidad, calidad técnica y eficacia de la intervención. La planificación de estos recursos responde a criterios de idoneidad, durabilidad, versatilidad y adecuación a entornos sociosanitarios, permitiendo el desarrollo óptimo de las diferentes actuaciones del programa.

Los recursos materiales se estructuran en diferentes categorías en función de su uso dentro del proceso de intervención: equipamiento para la actividad físico-deportiva, material para terapias creativas, recursos para educación nutricional, material técnico de evaluación y seguimiento, equipamiento logístico y recursos de apoyo.

Equipamiento para la intervención físico deportivo

Constituye el núcleo operativo del programa, orientado al desarrollo de sesiones de ejercicio físico adaptado bajo criterios de seguridad, progresión y funcionalidad.

Material básico:

  • Colchonetas antideslizantes de alta densidad • Bandas elásticas de diferentes resistencias (baja, media, alta) • Mancuernas ligeras (0,5 kg a 3 kg) • Balones medicinales de bajo peso • Aros de coordinación • Conos y picas para circuitos • Steps de baja altura • Bastones de apoyo para equilibrio • Pelotas de gomaespuma

Material específico para equilibrio y coordinación:

  • Plataformas inestables (bosu, cojines propioceptivos) • Escaleras de coordinación • Discos de equilibrio • Barras paralelas móviles (si el espacio lo permite)

Material para actividad aeróbica:

  • Cronómetros y pulsómetros básicos • Señalética para circuitos de marcha • Chalecos o elementos de identificación grupal

Este equipamiento permite trabajar las principales capacidades físicas (fuerza, resistencia, equilibrio, movilidad y coordinación) de forma progresiva y adaptada a las capacidades de los participantes.

Material para terapias creativas

Diseñado para facilitar la expresión emocional, la interacción social y la estimulación cognitiva mediante metodologías no convencionales.

Para Danza Movimiento Terapia:

  • Equipo de sonido portátil • Selección musical terapéutica • Telas, pañuelos y elementos de expresión corporal • Material sensorial (texturas, objetos ligeros)

Para Dramaterapia:

  • Material simbólico (objetos cotidianos, elementos de juego) • Vestuario básico y accesorios (sombreros, máscaras simples) • Cartulinas, rotuladores y material creativo • Elementos de escenificación ligera

Estos recursos permiten generar entornos seguros de expresión, facilitando el trabajo emocional y la interacción grupal.

Material para educación nutricional

Orientado a la adquisición de conocimientos prácticos y habilidades básicas relacionadas con la alimentación saludable.

  • Guías didácticas adaptadas • Láminas visuales de grupos de alimentos • Material gráfico sobre hidratación y hábitos saludables • Ejemplos de menús equilibrados • Fichas de seguimiento de hábitos alimentarios • Recursos audiovisuales (presentaciones, vídeos educativos)

Se priorizan materiales accesibles, visuales y comprensibles, adaptados al nivel cognitivo de las personas participantes.

Equipamiento logístico y espacios

El desarrollo del programa requiere espacios adecuados, accesibles y seguros.

Espacios necesarios:

  • Sala polivalente para actividad física • Espacio para talleres y terapias grupales • Zona de atención individual • Espacios exteriores (si es posible, para caminatas)

Condiciones del espacio:

  • Accesibilidad universal • Iluminación adecuada • Ventilación natural o artificial • Suelo seguro y antideslizante • Disponibilidad de sillas y apoyos

Equipamiento adicional:

  • Mesas y sillas adaptadas • Pizarra o soporte visual • Proyector o pantalla • Ordenador portátil • Material de oficina (papelería, archivadores)

Cronograma y planificación

El proyecto VIDA+ Salud Mental Activa se desarrolla mediante una planificación temporal estructurada que garantiza la coherencia metodológica, la progresión de la intervención y la correcta ejecución de todas las actuaciones previstas. El cronograma se organiza en fases operativas que permiten ordenar el proceso desde la captación de participantes hasta la evaluación final, asegurando un seguimiento continuo y una adecuada distribución de los recursos.

La duración estimada del programa es de 12 meses, permitiendo implementar varios ciclos de intervención y consolidar hábitos de vida saludable en las personas participantes.

El cronograma se estructura en cinco fases principales:

Preparación y coordinación

2. Captación y evaluación inicial 3. Implementación de la intervención 4. Seguimiento y evaluación continua 5. Evaluación final y cierre

FASES / ACTIVIDADESMES 1MES 2MES 3MES 4MES 5MES 6MES 7MES 8MES 9MES 10MES 11MES 12

Planificación técnica y coordinación

X

X

Captación de participantes

X

X

Evaluación inicial

X

X

Diseño de planes individualizados

X

X

Intervención físico-deportiva

X

X

X

X

X

X

X

X

Educación nutricional

X

X

X

X

X

X

X

X

Terapias creativas

X

X

X

X

X

X

X

X

Acompañamiento psicosocial

X

X

X

X

X

X

X

X

Seguimiento y evaluación

X

X

X

X

X

X

X

X

continua

Evaluación final

X

X

Elaboración de informes

X

X

Durante la fase de implementación, el programa se organiza en una estructura semanal que combina diferentes tipos de intervención:

  • 3 a 5 sesiones semanales de actividad física (45-60 minutos)
  • 1 sesión semanal de terapias creativas
  • 1 sesión quincenal o mensual de educación nutricional
  • Seguimiento individual según necesidades

El cronograma presenta un carácter flexible que permite:

  • Adaptarse al ritmo de los participantes
  • Ajustarse a incidencias o necesidades específicas
  • Incorporar nuevas personas en distintos momentos
  • Reorganizar actividades según evaluación continua

Evaluación e indicadores de evaluación

El proyecto VIDA+ Salud Mental Activa incorpora un sistema de evaluación integral, sistemático y orientado a resultados, concebido como un proceso continuo que acompaña todas las fases de la intervención y permite medir de manera objetiva su impacto en las personas participantes. Este sistema responde a criterios técnicos de calidad, eficacia, eficiencia y mejora continua, alineándose con los estándares de evaluación en programas sociosanitarios y garantizando la trazabilidad de los resultados obtenidos.

La evaluación se plantea como un proceso dinámico que no se limita a una medición final, sino que se integra en el desarrollo del programa, permitiendo la recogida de información relevante para la toma de decisiones, la adaptación de la intervención y la optimización de los recursos. En este sentido, se estructura en tres momentos clave: una evaluación inicial o diagnóstica, que permite establecer la línea base de cada participante; una evaluación continua o de proceso, que facilita el seguimiento de la evolución individual y grupal; y una

evaluación

final o de resultados, orientada a valorar el grado de consecución de los objetivos y el impacto global del programa.

La evaluación inicial tiene como finalidad identificar la situación de partida de cada persona participante mediante una valoración integral que incluye aspectos físicos, emocionales, conductuales y sociales. A través de la aplicación de pruebas funcionales adaptadas, cuestionarios de bienestar emocional, entrevistas individuales y análisis de hábitos de vida, se obtiene un diagnóstico técnico que permite diseñar un plan de intervención ajustado a las necesidades y capacidades de cada persona.

Durante la fase de implementación, se desarrolla una evaluación continua basada en la monitorización sistemática de indicadores de proceso y de evolución. Este seguimiento se realiza mediante registros periódicos de asistencia, participación, adherencia a las actividades propuestas y observación directa por parte del equipo profesional. Asimismo, se incorporan evaluaciones intermedias que permiten medir los avances en términos de condición física, estado emocional y adquisición de hábitos, facilitando la introducción de ajustes en el plan individualizado cuando sea necesario.

La evaluación final se orienta a determinar el impacto del programa mediante la comparación entre la situación inicial y los resultados obtenidos tras la intervención. Esta evaluación permite valorar la eficacia del programa en relación con los objetivos establecidos, así como identificar áreas de mejora y elementos de éxito que puedan ser replicados en futuras ediciones.

El sistema de evaluación se articula en torno a cuatro grandes áreas de análisis: el área física y funcional, el área emocional y psicológica, el área de hábitos de vida y el área social. En el ámbito físico, se analizan variables relacionadas con la mejora de la fuerza, el equilibrio, la movilidad, la coordinación y la resistencia, utilizando pruebas funcionales adaptadas a la población destinataria. En el ámbito emocional, se evalúan aspectos como la reducción de la sintomatología ansiosa y depresiva, la mejora del estado de ánimo y el incremento de la motivación, mediante el uso de escalas validadas y la observación profesional. En relación con los hábitos de vida, se mide la frecuencia y regularidad de la actividad física, la mejora de los hábitos alimentarios, la calidad del descanso y el nivel de autocuidado. Por último, en el área social se valoran indicadores como la participación en actividades grupales, el desarrollo de habilidades sociales y la reducción del aislamiento.

Los indicadores de evaluación se clasifican en indicadores de proceso, de resultado y de impacto. Los indicadores de proceso permiten analizar el grado de ejecución del programa, incluyendo variables como la tasa de asistencia, el nivel de participación, el cumplimiento del cronograma y la implicación de las personas participantes. Los indicadores de resultado se centran en los cambios observados a corto y medio plazo, tales como la mejora de la capacidad funcional, la reducción de síntomas emocionales y la adopción de hábitos saludables. Por su parte, los indicadores de impacto evalúan los efectos a largo plazo, incluyendo la consolidación de hábitos, el mantenimiento de la autonomía personal, la

mejora de la calidad de vida percibida y la posible reducción del uso de recursos sociosanitarios.

Para la recogida de información se utilizarán instrumentos técnicos adecuados y adaptados al perfil de la población, tales como test funcionales, cuestionarios estandarizados, registros de actividad, escalas de evaluación emocional y entrevistas individuales. Estos instrumentos serán complementados con la observación sistemática del equipo profesional, lo que permitirá obtener una visión integral y contextualizada de la evolución de cada participante.

El programa contará además con un sistema estructurado de registro y seguimiento que incluirá fichas individuales, registros de asistencia, evaluaciones periódicas e informes técnicos. Este sistema facilitará la organización de la información, su análisis y la elaboración de informes de seguimiento, garantizando la coherencia y la transparencia del proceso evaluativo.

Se establecerán criterios de éxito que permitirán determinar el grado de eficacia del programa, entre los que se incluyen una tasa de adherencia igual o superior al 75%, la mejora funcional en al menos el 60% de las personas participantes, la reducción de sintomatología emocional en un porcentaje significativo, el incremento en la adopción de hábitos saludables y un alto nivel de satisfacción por parte de los usuarios. Estos criterios permitirán valorar de manera objetiva el impacto de la intervención y justificar su continuidad o replicabilidad.

Finalmente, el sistema de evaluación incorpora un enfoque de mejora continua, mediante el análisis periódico de los resultados, la revisión técnica de las actuaciones y la recogida de feedback tanto de las personas participantes como del equipo profesional. Este enfoque permite introducir ajustes y mejoras en tiempo real, optimizando la calidad de la intervención y garantizando su adaptación a las necesidades detectadas.

En conjunto, el sistema de evaluación del proyecto VIDA+ Salud Mental Activa se configura como una herramienta fundamental para garantizar la calidad, la eficacia y la sostenibilidad del programa, permitiendo no solo medir resultados, sino también generar conocimiento aplicable a futuras intervenciones en el ámbito de la promoción de la salud mental y la prevención de la dependencia.

ÁREAINDICADORDESCRIPCIÓNINSTRUMENTOFRECUENCIACRITERIO DE ÉXITO

Participación

Tasa de asistencia

% de sesiones a las que acude cada participante

Registro de asistencia

Semanal

≥ 75%

Participación

Nivel de implicación

Grado de participación activa en

Observación profesional

Continua

Alta participación

sesiones

Gestión

Cumplimiento del programa

Nº de sesiones realizadas vs planificadas

Registro técnico

Mensual

≥ 90% ejecución

Física

Mejora de fuerza

Incremento en test de levantarse de la silla

Test funcional

Inicial / Final

Mejora ≥ 20%

Física

Mejora del equilibrio

Capacidad de mantener estabilidad

Test de equilibrio

Inicial / Final

Mejora significativa

Física

Movilidad funcional

Mejora en desplazamientos y coordinación

Observación / Test

Trimestral

Mejora observable

Emocional

Reducción de ansiedad

Disminución de síntomas ansiosos

Escalas validadas

Inicial / Final

Reducción ≥ 30%

Emocional

Mejora del estado de ánimo

Incremento del bienestar percibido

Cuestionarios

Trimestral

Mejora significativa

Hábitos

Actividad física semanal

Nº de días activos por semana

Registro de hábitos

Mensual

≥ 3 días/semana

Hábitos

Mejora alimentaria

Adopción de pautas saludables

Cuestionario nutricional

Trimestral

Mejora progresiva

Hábitos

Rutinas de autocuidado

Regularidad en hábitos básicos

Observación / Registro

Mensual

Alta adherencia

Social

Participación grupal

Interacción en actividades

Observación

Continua

Participación activa

Social

Reducción del aislamiento

Incremento de relaciones sociales

Entrevista

Final

Mejora percibida

Global

Calidad de vida

Percepción general de

Escala calidad de vida

Inicial / Final

Mejora ≥ 25%

bienestar

Autonomía

Nivel de autonomía

Capacidad en actividades diarias

Evaluación funcional

Inicial / Final

Mejora funcional

Hábitos

Consolidación de hábitos

Mantenimiento en el tiempo

Seguimiento

Final

≥ 60% consolidación

Alianzas estratégicas

El proyecto VIDA+ Salud Mental Activa se sustenta en un modelo de intervención integral que reconoce la importancia de la cooperación interinstitucional como elemento clave para garantizar la eficacia, sostenibilidad e impacto de las actuaciones. En este sentido, se establece una red de alianzas estratégicas con entidades del ámbito sociosanitario que aportan valor añadido al desarrollo del programa, favoreciendo la optimización de recursos, la coordinación de actuaciones y la atención centrada en la persona.

Dentro de este marco, destaca la colaboración con la entidad Servicios y Gestión Residencial de Canarias, organización especializada en la atención a personas en situación de dependencia y en la gestión de recursos residenciales. Esta alianza se configura como un elemento estratégico que fortalece el alcance del proyecto y permite ampliar la capacidad de intervención de APEDECA (Asociación de Ayuda a Personas con Dependencia en Canarias).

La colaboración entre ambas entidades se articula a través de diferentes líneas de actuación. En primer lugar, se establece un canal de derivación de personas usuarias, facilitando el acceso al programa de perfiles que presentan necesidades específicas en materia de promoción de la salud, activación física y apoyo psicosocial. Esta derivación permite intervenir de manera preventiva y mejorar la calidad de vida de personas que ya se encuentran vinculadas a recursos sociosanitarios.

Asimismo, la entidad colaboradora aporta conocimiento técnico y experiencia profesional en la atención a personas mayores y dependientes, contribuyendo a la adecuación de las actividades del programa a perfiles con diferentes niveles de capacidad funcional. Esta transferencia de conocimiento favorece la calidad de la intervención y garantiza su adaptación a contextos reales de atención.

Otro aspecto relevante de la colaboración es la posibilidad de utilización compartida de infraestructuras y espacios, lo que facilita la implementación de actividades en entornos accesibles y adaptados, especialmente en centros residenciales o recursos comunitarios.

Este elemento contribuye a mejorar la accesibilidad del programa y a optimizar los recursos disponibles.

La coordinación sociosanitaria constituye también un eje fundamental de esta alianza, permitiendo el intercambio de información relevante (respetando en todo momento la normativa de protección de datos), la continuidad en la atención y la complementariedad de las intervenciones. Este enfoque evita duplicidades y mejora la eficiencia del sistema de atención.

Por otro lado, la colaboración abre la posibilidad de desarrollar programas conjuntos orientados al envejecimiento activo, la promoción de la salud mental y la prevención de la dependencia, generando sinergias entre ambas entidades y aumentando el impacto social de las actuaciones.

Desde una perspectiva estratégica, la existencia de alianzas institucionales refuerza la solvencia técnica del proyecto, mejora su posicionamiento en convocatorias públicas y facilita el acceso a nuevas líneas de financiación. La cooperación entre entidades especializadas es un factor altamente valorado en el ámbito de las políticas sociales y sanitarias, al evidenciar capacidad de trabajo en red y eficiencia en la gestión de recursos.

En definitiva, la colaboración entre APEDECA y Servicios y Gestión Residencial de

Canarias se configura como una alianza estratégica que potencia el desarrollo del proyecto VIDA+ Salud Mental Activa, contribuyendo a la mejora de la calidad de vida de las personas en situación de dependencia y fortaleciendo un modelo de intervención integral, coordinado y centrado en la persona.